Illa de Arousa

En el mundo hay más de doscientos millones de pescadores artesanales, de pequeña escala, que dependen de los ecosistemas acuáticos para su supervivencia.

La pesca artesanal contribuye a la alimentación de más de 1.500 millones de personas en el planeta, incorpora a la mujer al trabajo, genera empleo, fija población al territorio, tiene muy poco impacto en el ecosistema, tiene bajas emisiones de dióxido de carbono y redistribuye los recursos pesqueros de forma más equitativa.

La pesca artesanal a pequeña escala reduce la pobreza y contribuye a la sostenibilidad social, económica y ambiental en mayor medida que los sistemas productivos más industrializados. Se trata de una verdadera economía verde, pero muy desatendida por los gobiernos.

Una embarcación de Laxe simboliza el "secuestro" de las comunidades pesqueras | A.G.A.

El “secuestro” de la pesca artesanal por parte de los Estados | A.G.A.

Ahora los ecosistemas marinos, fluviales, de los que dependen los pescadores artesanales, se encuentran seriamente amenazados por la sobreexplotación de los recursos, sobre todo por la acción de las flotas industriales, por la polución, etcétera. Una situación agravada por la falta de atención e intereses de los estados, que está aumentando la vulnerabilidad de los pescadores artesanales, incrementando  la pobreza y la exclusión social e incentivando la despoblación de las comunidades locales a través de la emigración a las ciudades.

La pesca artesanal, pese a ser sostenible, está perdiendo la batalla de la conservación de los ecosistemas, de los derechos de acceso a los recursos y de los derechos humanos. Nos satisface que el documento final de la Conferencia de Naciones Unidas sobre Desarrollo Sostenible (conocida como Cumbre de Rio+20) celebrada en junio de 2012 recoja en su párrafo 175 el reconocimiento a este sistema productivo sostenible; sin embargo, nos preocupa la falta de compromiso firme de la regulación en la biodiversidad de alta mar. Dado que esto también afecta de forma directa a los pescadores artesanales, lamentamos que el párrafo 162 haya sido tan débil.

Para la conservación y sostenibilidad de nuestros mares, lagos y ríos se requiere transitar hacia nuevos enfoques, sobre todo si realmente queremos evitar que la tragedia de los comunes no transite hacia una catástrofe ecológica, social y económica. Los modelos de gestión centralizados y auxiliados por un sistema de fiscalización y control de las pesquerías se han mostrado fracasados.

Tenemos la convicción, y esta es nuestra experiencia, de que estas lecciones aprendidas forman parte de la solución a la sostenibilidad del mar. Este nuevo enfoque propone la creación de áreas marinas protegidas de interés pesquero cogestionadas, siendo el eje central en la creación de espacios de diálogo entre Estado y usuarios, es decir, entre Estado y sociedad civil. Un nuevo enfoque donde ambos comparten la responsabilidad, de la forma más paritaria posible, de cara a una gestión sostenible de los recursos marinos.

Este sistema se muestra exitoso, sobre todo, cuando los usuarios participan en su diseño. Es por tanto participativo, empleando un enfoque bottom up; es transparente e integra el conocimiento tradicional y ecológico con el conocimiento científico. De esta manera, el pescador y la sociedad civil dejan de ser un problema para el estado para convertirse en un aliado, y viceversa.

Esta nueva gobernanza del mar es más eficiente porque instala en los usuarios una cultura de la corresponsabilidad hacia los recursos pesqueros y es aplicable también a todos los bienes públicos. Estas experiencias funcionan a pequeña escala, pero pueden ser ampliadas a nuevas dimensiones una vez extraídas las lecciones aprendidas.

La sostenibilidad de los océanos y de sus recursos pesqueros pasa necesariamente por involucrar a la sociedad civil en los espacios de toma de decisiones, sobre todo cuando los recursos que se gestionan son bienes comunes. Se trata, al fin y al cabo, de una vía ya transitada que da lugar a la economía del bien común y no solo a una economía de la desigualdad, por muy verde que la pintemos.